FRASES DE PEDRO PÁRAMO, JUAN RULFO.

“En la reverberación del sol, la llanura parecía una Laguna transparente, deshecha en vapores por donde se traslucía un horizonte gris. Y más allá, una línea de montañas. Y todavía más allá, la más remota lejanía”

“Se pondrá contento de ver a alguien después de tantos años que nadie viene por aquí”

“Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara”

“Y que si yo escuchaba solamente el silencio, era porque aún no estaba acostumbrado al silencio; tal vez porque mi cabeza venía llena de ruidos y de voces”

“Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido algún voz”

“Tus labios estaban mojados como si los hubiera besado el rocio”

“El aire nos hacía reír; juntaba la mirada de nuestros ojos, mientras el hilo corría entre los dedos detrás del viento, hasta que se rompía con un leve crujido como si hubiera sido trizado por las alas de algún pájaro”

“A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y a donde no llegan los palabras”

“Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, y cada que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana”

“No estás allí para ganar dinero, sino para aprender; cuando ya sepas algo; quizá mañana podrás ser exigente”

“Por ahora solo eres un aprendiz; quizá mañana o pasado llegues a ser tú el jefe. Pero para eso se necesita paciencia y, más que nada, humildad”

“El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías”

“Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo. Sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedará ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”

“Sentí que se abría el cielo. Tuve ánimos de correr hacia ti. De rodearte de alegría. De llorar. Y lloré, Susana, cuando supe que al fin regresarías”

“Él la quería. Estoy por decir que nunca quiso a ninguna mujer como a ésa. Ya se la entregaron sufrida y quizá loca. Tan la quiso, que se pasó el resto de sus años aplastado en un equipal, mirando el camino por donde se la habían llevado al camposanto”

“Yo aquí, junto a la puerta mirando el amanecer y mirando cuando te ibas, siguiendo el camino del cielo; por donde el cielo comenzaba a abrirse en luces, alejándote, cada vez más desteñida entre las sombras de la tierra”

“A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras”

“Nada puede durar tanto, no existe recuerdo por intenso que sea que no se apague”

“Los viejos dormimos poco, casi nunca. A veces apenas si dormitamos; pero sin dejar de pensar”

“Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace”

“¿Qué haré ahora con mis labios sin su boca para llenarlos? ¿Qué haré de mis adoloridos labios?”

“Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja”

“Nadie vino a verla. Así estuvo mejor. La muerte no se reparte como si fuera un bien. Nadie anda en busca de tristezas”

“Yo soy un pobre hombre dispuesto a humillarse. Mientras sienta el impulso de hacerlo”

“Me gustas más en las noches, cuando estamos los dos en la misma almohada, bajo las sábanas, en la oscuridad”

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